Los cambios sociales acelerados de las últimas décadas (urbanización, digitalización, transformación de los patrones alimentarios, aumento del sedentarismo y estrés crónico) han reconfigurado profundamente el perfil de salud de las poblaciones. Hoy no enfrentamos solo enfermedades infecciosas o carenciales, sino una epidemia silenciosa de enfermedades no transmisibles (ENT): obesidad, diabetes tipo 2, sarcopenia, osteoporosis, desnutrición oculta y fragilidad funcional1. Estas condiciones comparten un denominador común: alteraciones sutiles en la composición corporal que preceden en años a su manifestación clínica2.
En este contexto, la medicina del mañana exige herramientas que vayan más allá del peso, la talla o el IMC. Necesitamos detectar el deterioro antes de que se vuelva irreversible. Aquí es donde la bioimpedancia espectroscópica (BIS) emerge como una tecnología clave: no solo mide cantidades, sino que dibuja un mapa bioeléctrico del estado funcional del tejido vivo3.
¿Qué es el “mapa bioeléctrico”?
La BIS aplica una gama de frecuencias (típicamente 1–1000 kHz) al cuerpo humano y analiza su respuesta eléctrica. A diferencia de la bioimpedancia mono y multi frecuencia, la BIS permite ajustar el modelo Cole-Cole, del cual se derivan parámetros fisiológicamente interpretables4:
– R∞ (resistencia a frecuencia infinita): refleja la conductividad del compartimento extracelular total. Disminuye en sobrehidratación o inflamación; aumenta en deshidratación relativa o pérdida de masa magra5.
– C (capacitancia de membrana): cuantifica la capacidad de las membranas celulares para almacenar carga. Es un marcador directo de integridad, superficie y viabilidad celular. Disminuye con la edad, la inflamación crónica, la desnutrición y la pérdida de masa muscular6.
– Re y Ri (resistencias extracelular e intracelular): representan las propiedades dieléctricas de los líquidos corporales. Alteraciones en su relación señalan desequilibrios hídricos, expansión del espacio extracelular o pérdida de masa celular activa7.
Juntos, estos parámetros no son meros números; constituyen un mapa dinámico que refleja cómo los estilos de vida modernos impactan la arquitectura y la función tisular8, antes de que se generen manifestaciones clínicas.
La BIS frente a los nuevos desafíos de salud
Obesidad y “hambre oculta”: La obesidad ya no es solo exceso de grasa, sino un estado de inflamación de bajo grado y alteración del compartimento extracelular. La BIS detecta este fenómeno mediante cambios en Re y R∞, incluso cuando el IMC parece “normal”9. Al mismo tiempo, puede identificar desnutrición proteico-calórica oculta en personas con sobrepeso, caracterizada por baja C y Ri, lo que el IMC enmascara completamente10.
En este contexto, cobra especial relevancia la relación potencial entre la capacitancia de membrana y la insulinorresistencia. La disminución de la capacitancia refleja alteraciones en la integridad y funcionalidad de las membranas celulares, lo que puede afectar los mecanismos de transporte y señalización dependientes de la insulina. Diversos estudios sugieren que los estados de inflamación crónica de bajo grado y la expansión del compartimento extracelular, frecuentemente asociados a la insulinorresistencia, se acompañan de cambios en los parámetros bioeléctricos, incluida una reducción de la capacitancia. En este sentido, la BIS podría aportar información complementaria para la identificación temprana de alteraciones metabólicas, incluso antes de que se manifiesten alteraciones glucémicas evidentes.
Sarcopenia y fragilidad: La pérdida de masa muscular no es solo cuantitativa, sino cualitativa; las fibras se infiltran con grasa, las membranas se deterioran. La capacitancia (C) disminuye progresivamente, anticipando la sarcopenia antes de que el ASMI (índice de masa muscular apendicular), uno de los parámetros diagnóstico, caiga por debajo del umbral diagnóstico11. Esto permite intervenciones preventivas con ejercicio y proteína antes de que la discapacidad se instale.
Osteoporosis y riesgo de fractura: La masa ósea no es independiente del tejido muscular ni del estado inflamatorio. Estudios recientes muestran que baja capacitancia y alta Re se asocian con menor densidad mineral ósea, incluso en adultos jóvenes12. La BIS, al integrar estos dominios, ofrece una visión sistémica del riesgo óseo que va más allá del DEXA.
Seguimiento integral: En rehabilitación, oncología, geriatría o nutrición deportiva, la BIS permite monitorear en tiempo real si una intervención está mejorando la calidad tisular (↑C, ↓Re) o solo moviendo agua (cambios transitorios en Re/Ri)13. Esto transforma la evaluación de resultados en una ciencia precisa.
La bioimpedancia eléctrica (BIA) ha demostrado ser una herramienta valiosa en la evaluación del estado nutricional y funcional, gracias a parámetros como el ángulo de fase (AF) y la razón de impedancia (IR). El AF, calculado tradicionalmente a 50 kHz, refleja la relación entre la reactancia capacitiva y la resistencia óhmica del tejido, y se ha consolidado como un marcador sensible de integridad celular, masa muscular y pronóstico clínico en poblaciones hospitalizadas, oncológicas y geriátricas14 15.
Por su parte, el IR —definido como la relación entre la impedancia a 200 kHz y a 5 kHz— ha sido utilizado como indicador indirecto del equilibrio hídrico y la distribución de fluidos corporales, mostrando utilidad en contextos de inflamación de bajo grado, sobrecarga hídrica y desnutrición proteico-calórica16 17. Aunque ambos parámetros han sido ampliamente validados en múltiples escenarios clínicos, su dependencia de frecuencias fijas y su sensibilidad a factores como la hidratación han aparecido actualmente como una limitación que debe ser considerada en su interpretación18.
Hacia una medicina predictiva y personalizada
La medicina del futuro no esperará a que aparezca la enfermedad. Anticipará el riesgo a partir de la fisiología subclínica. La BIS, al ofrecer un mapa bioeléctrico sensible, reproducible y no invasivo, se posiciona como una herramienta esencial en esta transición19.
No se trata de reemplazar antropometría o laboratorios, sino de integrarlos en un modelo funcional donde la composición corporal se entiende no como una foto estática, sino como un paisaje dinámico moldeado por los estilos de vida, la genética y el entorno20.
En Aminogram, creemos que la tecnología debe servir a la persona. Por eso, promovemos el uso de la BIS no como un gadget, sino como una brújula bioeléctrica que guía decisiones clínicas más tempranas, precisas y humanas.
Referencias
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