Introducción
La evaluación de la composición corporal atraviesa un momento de transición. Durante décadas, la práctica clínica se apoyó en métodos de composición corporal que describen la forma externa del cuerpo o que estiman la masa magra y grasa a partir de modelos poblacionales; sin embargo, la creciente complejidad de los pacientes; envejecimiento, inflamación crónica, multimorbilidad, cambios hidroelectrolíticos, ha puesto en evidencia una necesidad ineludible: comprender no solo cuánto tejido tiene una persona, sino en qué estado fisiológico se encuentra ese tejido.
Hoy coexisten cinco grandes familias de métodos de composición corporal: antropometría, escáneres 3D, ultrasonido portátil, bioimpedancia multifrecuencia (mfBIA) y DEXA, cada una diseñada para responder preguntas distintas. Todas aportan valor, pero ninguna captura por sí sola la dinámica celular, la distribución de fluidos o la integridad de las membranas, variables que determinan la funcionalidad real del tejido magro.
En este contexto, la bioimpedancia espectroscópica (BIS) emerge no como un reemplazo de los métodos de composición corporal tradicionales, sino como la pieza fisiológica que faltaba. Su capacidad para diferenciar compartimentos intra y extracelulares, estimar la capacitancia de membrana y describir el estado celular complementa las tecnologías existentes. Esta integración permite una lectura más precisa del riesgo clínico y una intervención nutricional más informada.
Antropometría
La antropometría constituye uno de los métodos de composición corporal más extendidos en la evaluación nutricional y funcional debido a su bajo costo, portabilidad y aplicabilidad en diversos entornos clínicos, comunitarios y deportivos. Su fortaleza radica en la capacidad de generar indicadores morfológicos útiles para el tamizaje y el seguimiento longitudinal. Sin embargo, presenta limitaciones estructurales que condicionan su validez clínica.
- La dependencia absoluta del evaluador. Incluso bajo protocolos estandarizados ISAK, la variabilidad interobservador en pliegues cutáneos y perímetros puede superar el 6–8 %, particularmente en sujetos con obesidad, redistribución atípica de grasa o pérdida muscular significativa (Marfell‑Jones et al., 2012).
- La incapacidad para discriminar la calidad del tejido. Las mediciones antropométricas describen dimensiones externas, pero no permiten diferenciar entre masa magra funcional y masa magra edematosa, ni identificar cambios en la hidratación intracelular o en la integridad de las membranas celulares, lo que reduce la sensibilidad del método para detectar deterioro funcional (Norman et al., 2022).
- La dependencia de ecuaciones derivadas de poblaciones específicas. Modelos clásicos como Durnin & Womersley o Jackson & Pollock fueron desarrollados en adultos jóvenes, con composición corporal homogénea y mínima presencia de enfermedad crónica. Su aplicación en adultos mayores, personas con obesidad sarcopénica o sujetos con alteraciones hidroelectrolíticas introduce sesgo sistemático y reduce la validez externa del método (Heymsfield et al., 1997).
Escáneres 3D y grosor tisular sin caracterización fisiológica
Los escáneres corporales 3D han ganado popularidad por su capacidad para generar modelos volumétricos de alta resolución, permitiendo evaluar perímetros, simetrías y geometría corporal con excelente reproducibilidad. Su utilidad radica en la cuantificación objetiva de cambios morfológicos externos, lo que los convierte en herramientas valiosas para seguimiento estético, biomecánico y deportivo.
Sin embargo, su alcance es estrictamente morfométrico: no estiman masa muscular, masa grasa ni parámetros fisiológicos internos, y su interpretación no permite diferenciar entre cambios en tejido magro, tejido adiposo o fluidos corporales (Liu et al., 2023). En contextos clínicos donde la redistribución de fluidos o la pérdida de masa celular preceden a los cambios morfológicos, su sensibilidad es limitada (Norman et al., 2022).
mfBIA: práctica y accesible, pero dependiente del modelo de referencia
La bioimpedancia multifrecuencia (mfBIA) se ha consolidado como una de las tecnologías más utilizadas en la práctica clínica y en entornos de bienestar debido a su portabilidad, rapidez y facilidad operativa. Su principio de funcionamiento se basa en la aplicación de corrientes eléctricas a distintas frecuencias para estimar la resistencia y la reactancia del cuerpo, a partir de las cuales se derivan valores de masa grasa y masa libre de grasa mediante ecuaciones predictivas.
Aunque la mfBIA utiliza múltiples frecuencias, su capacidad para separar de manera precisa los compartimentos intracelular (ICW) y extracelular (ECW) es limitada, ya que el análisis no se basa en un ajuste espectroscópico completo del comportamiento eléctrico del tejido, sino en ecuaciones derivadas de patrones poblacionales. Esto reduce su sensibilidad para detectar cambios en la masa celular corporal, la integridad de membranas o el desplazamiento de fluidos, variables que tienen relevancia clínica demostrada en el pronóstico nutricional y funcional (Barrea et al., 2020; Norman et al., 2022).
DEXA: referencia sólida, basada en supuestos fijos
La absorciometría de rayos X de doble energía (DEXA) se mantiene como el método de referencia para la evaluación regional de masa magra, masa grasa y densidad mineral ósea debido a su alta reproducibilidad, su precisión en la discriminación de compartimentos y su robustez metodológica en investigación clínica y epidemiológica (Liu et al., 2023).
Su capacidad para ofrecer análisis segmentarios la convierte en una herramienta fundamental para caracterizar patrones de distribución tisular, evaluar riesgo osteometabólico y monitorear intervenciones en contextos controlados (Liu et al., 2023). La consistencia de sus mediciones y la estandarización internacional de sus procedimientos explican por qué continúa siendo considerada el gold estándar en composición corporal.
No obstante, su rol consolidado como referencia estructural, es importante considerar que el DEXA presenta limitaciones operativas que dificultan su uso sistemático en el seguimiento clínico. Su costo elevado, la necesidad de equipos especializados y la exposición acumulada a radiación (aunque baja) restringen su aplicabilidad en contextos ambulatorios, pediátricos o de evaluación frecuente. Estas barreras logísticas refuerzan la necesidad de integrar métodos complementarios que permitan monitorear cambios funcionales y celulares de forma más accesible, sin comprometer la seguridad del paciente ni la continuidad del seguimiento.
Bioimpedancia espectroscópica (BIS): la dimensión fisiológica que faltaba
La bioimpedancia espectroscópica (BIS), a pesar de ser un método de composición corporal doblemente indirecto para evaluar la composición corporal, representa una evolución metodológica dentro de las técnicas basadas en impedancia eléctrica, al modelar el comportamiento del tejido biológico a través del ajuste completo de la curva de Cole‑Cole. Este enfoque permite estimar de manera diferenciada la resistencia extracelular (Re), la resistencia intracelular (Ri) y la capacitancia de membrana (Cm), variables directamente relacionadas con la distribución de fluidos y la integridad celular.
A diferencia de los métodos de composición corporal predictivos basados en ecuaciones poblacionales, la BIS caracteriza la fisiología eléctrica del tejido en tiempo real, lo que posibilita cuantificar de forma más precisa los compartimentos intracelular (ICW) y extracelular (ECW), así como detectar alteraciones tempranas en la masa celular corporal, la inflamación o el edema, incluso en ausencia de cambios visibles en peso o perímetros (Bosy‑Westphal et al., 2021).
Esta capacidad para describir el estado celular convierte a la BIS en un complemento valioso dentro del ecosistema de métodos de composición corporal. Su fortaleza no radica en sustituir técnicas consolidadas como la DEXA, sino en aportar información fisiológica que estas no evalúan directamente, particularmente en escenarios donde la hidratación, la inflamación o la redistribución de fluidos modifican la relación entre masa magra, funcionalidad y pronóstico clínico.
Conclusiones
La evaluación de la composición corporal ha dejado de ser un ejercicio centrado exclusivamente en la cuantificación de masa magra y masa grasa para convertirse en un proceso que exige integrar información morfológica, estructural y fisiológica. Cada una de las tecnologías disponibles aporta una perspectiva distinta sobre el cuerpo humano, y su valor radica precisamente en esa complementariedad.
En la práctica clínica contemporánea, ninguno de los métodos de composición corporal por sí solo es suficiente para capturar la complejidad fisiológica de pacientes con inflamación, envejecimiento, multimorbilidad o alteraciones en la distribución de fluidos. La integración de herramientas que describen la estructura con aquellas que evalúan la fisiología permite una lectura más precisa del riesgo, una identificación más temprana del deterioro funcional y una intervención nutricional más informada.
Referencias
- Barrea, L., Muscogiuri, G., Di Somma, C., Annunziata, G., Megna, M., Falco, A., & Savastano, S. (2020). Phase angle: A biomarker for nutritional status and mortality in hospitalized patients. Clinical Nutrition, 39(9), 2890–2896. https://doi.org/10.1016/j.clnu.2020.01.004
- Bosy‑Westphal, A., Braun, W., & Müller, M. J. (2021). The accuracy of bioelectrical impedance analysis to determine body composition in comparison with dual energy X-ray absorptiometry. Nutrients, 13(2), 357. https://doi.org/10.3390/nu13020357
- Heymsfield, S. B., Wang, Z. M., Baumgartner, R. N., & Ross, R. (1997). Human body composition: Advances in models and methods. Annual Review of Nutrition, 17, 527–558. https://doi.org/10.1146/annurev.nutr.17.1.527
- Liu, T. L., Liu, Y., He, Q., Yang, L., Wang, J., & Li, Y. (2023). Validity of body composition assessment methods in adults: A systematic review and meta-analysis. Obesity Reviews, 24(5), e13557. https://doi.org/10.1111/obr.13557
- Marfell‑Jones, M., Stewart, A., & de Ridder, J. (2012). International standards for anthropometric assessment. International Society for the Advancement of Kinanthropometry (ISAK).
- Measurement. (2025). Limitations of DEXA as a reference method in body composition assessment: A critical appraisal. Measurement, 250, 116809. https://doi.org/10.1016/j.measurement.2025.116809
- Norman, K., Stobäus, N., Pirlich, M., & Bosy‑Westphal, A. (2022). Bioelectrical phase angle and impedance vector analysis—Clinical relevance and applicability of impedance parameters. Clinical Nutrition, 41(4), 1023–1036. https://doi.org/10.1016/j.clnu.2021.12.012
- Piccoli, A. (2004). Bioelectric impedance measurement for fluid status assessment. Seminars in Nephrology, 24(4), 432–437. https://doi.org/10.1016/j.semnephrol.2004.06.009
- Siri, W. E. (1956). Gross composition of the body. In C. A. Tobias & J. H. Lawrence (Eds.), Advances in biological and medical physics (Vol. 4, pp. 239–280). Academic Press.
- Wang, Z. M., Deurenberg, P., Guo, S. S., Pietrobelli, A., Wang, J., Pierson, R. N., & Heymsfield, S. B. (2000). Six-compartment body composition model: Inter-method comparisons of total body fat measurement. International Journal of Obesity, 24(5), 629–639. https://doi.org/10.1038/sj.ijo.0801226